A un par de años del estreno de “No es país para viejos” y ya lejanos los ruidos y ríos de tinta que ocasionó a favor y en contra, es saludable revisar esta multipremiada película del dúo Joel & Ethan Coen, sólo para confirmar que es una de las más sobresalientes de los últimos años. Para otros - y quizás también para los mismos – sea igualmente una de las más desconcertantes.
Es 1980. En un desierto cerca de la tétrica frontera USA-México, el cazador Llewellyn Moss (Josh Brolin) encuentra un maletín lleno de billetes, resultado de una fallida transacción de drogas. Así las cosas, el cazador de animales se convierte en presa porque el implacable cazador de humanos Antón Chigurh (Javier Bardem) va detrás de él sin perder tiempo en ademanes. Intercede para terciar el policía Tommy Lee Jones con su nulidad pragmática: la ley ya no es otra cosa que testigo reflexivo e inútil frente al nuevo modo de violencia incorporada por Bardem.
Brolin sigue el camino que elegiría el espectador, toma el dinero y huye: demasiado humano con sus vicios y sus virtudes, es un duro también, que opera con sagacidad y criterio pero se intuye que no le alcanza, que no está a la altura del engendro profesional y desquiciado que lo acorrala. Bardem es un personaje a la altura del Robert Mitchum de “La Noche del Cazador” pero sin dobleces: en realidad es la personificación de la violencia en estado terrorífico.
![]() |
| Josh Brolin se defiende de un perro feroz. |
Bardem no parece humano, cuando falla resuelve las adversidades de manera imperturbable a la vez que perturbadora. Su lacónico coloquio siniestro, taciturno y letal demuestra que es un feroz psicópata: va en serio, no es país para chistes.
| Javier Bardem: los trastornados se ríen así. |
Jones, el representante de la ley, es más importante de lo que parece aunque sea por omisión. Incapaz de sacar a Brolin del lío en que se ha metido, solo puede arrastrar el despojo de su dignidad obsoleta, procurar unos contactos estériles y rumiar en torno a lo poco que puede hacer (“A veces yo también me río. No se puede hacer otra cosa.”).
La nueva cara de la violencia, esa violencia futura que se está gestando, no se conforma con los postulados básicos de tomar el dinero y huir, es imprevisible, maneja códigos casi extraterrestres y el hastiado Jones sabe que nunca podrá detenerla. Los policías son parte de esos viejos para los que ya no hay lugar que señala el título. Pero tampoco hay lugar para Brolin con su maletín, ni para su mujer ni para su suegra, y ni siquiera para el farsante de viejo estilo que podría salvar a Brolin. En efecto, Woody Harrelson interpreta a ese personaje arquetípico de película de terror, ese que siempre viene de afuera a resolver algo pero que - fuera de tiempo y espacio - dura menos que un escuerzo en agua salada.
![]() |
| Hay alguien detrás de esa puerta. |
![]() |
| Las cavilaciones vetustas de Tommy Lee Jones durante el desayuno. Tristeza sin fin. |
En este western sin caballos el manejo de tiempos, sonidos y espacios preservan la perpetua tensión de un relato vigoroso. Sin prisas y sin pausas, la atinada ausencia de banda sonora amplifica las verdaderas dimensiones de los amenazadores silencios, de los diálogos económicos y de los sonidos ambientales; los disparos, los estallidos y los últimos estertores de un moribundo sobresaltan en diversos escenarios estupendamente fotografiados: desiertos en donde impera el silbido del viento, moteles oscuros y fantasmales, calles semi-vacías en donde aúlla la ausencia de la ley. Si hay que traducir una novela al cine, retomar un estilo y pedir consejos a directores muertos, será con estas escenas que derrochan meticulosidad en cuidadísimas y prodigiosas estampas. O no será.
![]() |
| -Si no regreso dile a mamá que la amo. -Tu madre está muerta. -Entonces se lo diré yo mismo. |

A.jpg)



No hay comentarios.:
Publicar un comentario