Amparado por la impresión que causó y el dinero que produjo su segunda película (“El Francotirador”), Michael Cimino dispuso de un formidable presupuesto para la siguiente aventura, "Las Puertas del Cielo"·.
Pero que un inmigrante ruso salga por detrás de un carro hecho de palos al grito de ¡Viva Amérrrrrrrika! para tirarle una molotov a un ganadero yanqui, no es muy popular en USA.
Pero que un inmigrante ruso salga por detrás de un carro hecho de palos al grito de ¡Viva Amérrrrrrrika! para tirarle una molotov a un ganadero yanqui, no es muy popular en USA.
Quizás pensó Cimino que podía utilizar una receta de rusos intercambiables: que los (¿héroes?) ruso-americanos que peleaban en el Viet-Nam de “El Francotirador” podrían transformarse en sus propios abuelos armando lío a fines del siglo XIX. No, no, no. En “Las Puertas del Cielo” hay también refugiados de otras tierrucas inhóspitas. Igual suena encantador eso de los rusos multifuncionales, ¿o no?
Nadie quiso recordar en el momento del estreno ese incidente desagradable de 1890 entre la "Sociedad Rural" y los expatriados que venían a trabajar o a robar gallinas.
Ni nadie tampoco quiso recordar que USA es un país de inmigrantes que al principio fueron roñosos y ladrones también, tanto como puede continuar siéndolo ahora con otro protocolo, al igual que el poderoso terrateniente de entonces. Una historia que se hizo a codazos, traiciones y estatutos de la jungla...como los gallos de riña que aparecen en el filme y como la historia de todos los países, bah.
Paralelamente a esa lección elemental de "La Historia del Mundo" marcha el impecable trabajo del fotógrafo Vilmos Zsigmond al servicio de una serie de secuencias memorables -hay que ver la capacidad coreográfica que tiene el director para mover masas de aquí para allá- , y una multitud de intérpretes competentes que también se mueven de aquí para allá pero sin la misma suerte para el desarrollo de sus personajes. Mutilado por las tijeras de los productores que anduvieron inquietas con esta enérgica historia, hay que utilizar bastante la imaginación para hilvanar algunos pasajes.
Esta discordancia entre el director y los peces gordos quizás explique en parte y paradójicamente, primero el fracaso crítico-comercial y el posterior éxito-redención. En su momento hundió a la United Artists (dicen), luego fue una obra maestra (también dicen posiblemente los mismos que decían lo primero) y ahora no sé sabe qué será, pero lo único cierto es que Cimino no se midió en sus dislates, costó 35 millones para recaudar un miserable 10 por ciento y el director demoró 5 años en conseguir algo para volver a filmar. Pero ese es otro asunto, porque “Las Puertas del Cielo” es una gigantesca película. En todos los aspectos.
Las puertas del Cielo (Heaven's Gate. USA, 1980). Dir. Michael Cimino. Guión: Michael Cimino. Música: David Mansfield. Fotografía Color: Vilmos Zsigmond. Intérpretes: Kris Kristofferson, Christopher Walken, John Hurt, Isabelle Huppert, Jeff Bridges, Mickey Rourke, Joseph Cotten, Willem Dafoe, Sam Waterston, Brad Dourif. Producción: United Artists. Duración: 219 min.


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